Por una nueva cultura del espacio (texto final acordado en el encuentro)

POR UNA NUEVA CULTURA DEL ESPACIO

Los abajo firmantes publicamos el texto que sigue para dar cumplimiento al acuerdo que adoptamos durante el encuentro que con el nombre de “¡Todos al suelo!” mantuvimos en Zaragoza los días 14, 15 y 16 de junio de 2013. Mediante este escrito deseamos mostrar que nuestros objetivos (la defensa del patrimonio cultural, del medio ambiente, del derecho a la vivienda, de la democracia real, del gobierno común y de la justicia social y económica) tienen en el espacio un importante elemento de confluencia. Y que la explotación financiera del espacio que ha caracterizado los últimos ciclos políticos, económicos y sociales constituye una de las más graves amenazas contra las diversas metas que perseguimos.

El sistema económico imperante, basado en la mercantilización de todos los bienes (sea cuál sea el bien y sea cuál sea la forma de mercantilización) ha hecho del espacio, a través de la especulación financiera, un importante objeto de negocio, hasta el punto de convertir el suelo en soporte principal de los procesos de financiarización de la economía. Lo que en abstracto es un conjunto de dinámicas de los flujos del capital tiene su correlato práctico en un aumento desorbitado del precio de la vivienda que constituye en realidad un mecanismo de extracción salarial y, por tanto, de explotación de las personas trabajadoras. En el extremo del fenómeno, la financiarización del espacio provoca un gravísimo problema de falta y de pérdida de vivienda, que además se contrapone dramáticamente a los inmensos beneficios que consiguen con un bien común los explotadores del suelo.

Tanto como el derecho humano a la vivienda se resienten por la especulación inmobiliaria (y por la centralidad económica y política que ha alcanzado) el patrimonio cultural y el medio ambiente. El espacio nos condiciona no solo materialmente, y por ello para el ser humano resultan de especial importancia el lugar en que desenvuelve su vida y las condiciones en las que este lugar se conforma. A los habitantes, no así a los flujos de capital, interesa el mantenimiento de la belleza y de la memoria, y la posibilidad de una armónica comunión con el medio del habitar. Sin embargo, el espacio financiero, cuya explotación mercantil se antepone sin escrúpulos a todo valor cultural o natural, se caracteriza por su producción al margen de la voluntad de los propios habitantes y en función de intereses ajenos. Prácticas tan esenciales como el cuidado de lo existente ceden, en este contexto, a la banalización y la simplificación del espacio para su consumo por inversores y turistas.

La centralidad del espacio en el proceso de financiarización económica vivido durante las últimas décadas ha requerido de la toma de las instituciones formalmente democráticas por los agentes especuladores, mediante sofisticados mecanismos de presión o mediante una directa corrupción. De tal modo que el ámbito de decisión sobre la ciudad, el paisaje y el territorio ha sido sustraído de la esfera ciudadana y ha quedado en manos de las corporaciones no democráticas que promueven la explotación del espacio y, con ella, la de sus habitantes. Tales corporaciones, ventrílocuas del entramado institucional podrido, actúan obedeciendo exclusivamente a sus intereses, por lo que desconsideran cualquier valor del espacio que no contribuya directamente a su beneficio propio.

La conversión del suelo en materia de uso primordialmente financiero ha requerido también de políticas de producción cultural del espacio, lentamente inoculadas, para naturalizar ante una sociedad resignada la concepción colectiva del espacio como sostén de los procesos económicos y como bien estandarizado y cuantificable.

Es por todo ello por lo que los abajo firmantes, al concebir el espacio como el medio físico y simbólico de la vida, inalienable e inapropiable para la especulación, proponemos una nueva cultura del espacio y reivindicamos por encima de todos los demás sus valores funcionales, culturales y naturales. Asimismo manifestamos que de la conformación, producción y control del espacio depende en buena medida el bien común de los habitantes y la posibilidad de una libre construcción de modelos de convivencia. A esta cultura diferente del espacio le ha de corresponder un nuevo modelo económico en el que el suelo no sea el soporte de dinámicas financieras y en el que el derecho fundamental a la vivienda sea efectivo en condiciones de igualdad. Un modelo que se caracterice por la búsqueda del bien común, el respeto a los valores culturales y naturales del espacio y por la renuncia a la sobreexplotación de sus recursos, y en el que las decisiones relativas a la producción del espacio colectivo permanezcan siempre distribuidas y en manos de los habitantes a través de mecanismos realmente democráticos que inhabiliten su apropiación hegemónica.

Este nuevo modelo requiere cambios importantes en los modelos de conocimiento y en los mecanismos de producción social del espacio, especialmente de los depositados en las instituciones educativas y en los medios de comunicación y de propaganda. Es necesario posibilitar una nueva percepción del espacio como el medio en el que nos constituimos y a la vez como el medio que creamos y transformamos mediante nuestras acciones, un espacio plural, diferencial, no sometido a la lógica de la información descontextualizada y al flujo de capital abstracto sino inmerso en concepciones plurales y cambiantes en función de los contextos de interacción.

Al reconocer en el espacio el punto de confluencia de luchas muy diversas en pro de los derechos fundamentales del ser humano, llamamos a continuar pensando sobre él de forma mancomunada, para que la construcción de un nuevo modelo atienda a las preocupaciones aquí expuestas y a cuantas puedan derivarse o añadirse. También nos emplazamos a otra ocasión, en la que, quienes así lo deseen, puedan o podamos concretar medidas que desarrollen la visión que aquí exponemos.

Zaragoza, 16 de julio de 2013

Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés, Apudepa

Adepa Cartagena

Attac Madrid

Coordinadora El Territorio No Se Vende

Madrid Ciudadanía y Patrimonio

Observatorio Metropolitano de Barcelona – Stupid City

Plataforma Per l’Horta

Plataforma Stop Desahucios Zaragoza

Salvem el Cabanyal

Salvemos Mojácar

 

Carlos Bitrián (Apudepa)

Belén Boloqui (Apudepa)

Lluis Cerveró (Salvem el Cabanyal)

Santiago Cirugeda

Jaime del Val (Coordinadora El Territorio No Se Vende)

Pablo Híjar (Stop Desahucios Zaragoza)

Juan-Miguel Margalef (Adepa Cartagena)

Victor Martí (Attac Madrid)

Rubén Martínez (Observatorio Metropolitano de Barcelona – Stupid City)

Jaime Matamoros (Madrid, Ciudadanía y Patrimonio)

Antonio Montiel (Plataforma Per l’Horta)

Ivan Murray

Eugenio Reyes (Ecologistas en Acción)

Tino Villora (Salvem el Cabanyal)

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