¡Todos al suelo!

“Todos al suelo!” es la voz de un atraco. En España lo ha sido también del mayor de todos ellos, el que a punta de ladrillo han perpetrado las élites económicas contra los ciudadanos durante las últimas décadas. Lustros y lustros de uso del suelo como materia prima de los más salvajes procesos de especulación financiera han hecho olvidar a una ciudadanía empobrecida y engañada (muchas veces también sumisa) los valores reales del espacio como medio del habitar humano.

La “transición” española (que dio lugar al marco político que permitió la continuación del gran robo iniciado en el franquismo) acuñó su propia versión del grito con aquel famoso “¡Al suelo todo el mundo!” de Tejero, al parecer tomado como una orden por las clases dirigentes que, en efecto, al suelo se lanzaron sin dudarlo.

Ahora que los atracadores han huido a su guarida con el botín, el panorama que han dejado tras de sí no puede ser más desolador: familias atadas de por vida a hipotecas injustas, salarios cada vez más devaluados incapaces de hacerles frente, dramáticas condenas de desahucio, generaciones preparadas casi exclusivamente para la construcción, ciudades espantosas, patrimonios destruidos, paisajes devastados y naturalezas muertas que son la más clara expresión de un expolio. De una tomadura de pelo colosal. De un atraco, en definitiva.

Pese a todo, y pese a los síntomas esperanzadores de una revitalización de la conciencia pública, resulta necesario que los ciudadanos nos rearmemos de razones para que lo que ha sucedido no vuelva jamás a suceder. Es el momento de aprovechar toda la experiencia y el caudal de análisis de los diferentes grupos para comenzar a construir en red, y desde todos los campos afectados, una nueva propuesta de régimen del suelo. Más ampliamente, es necesario afianzar una nueva cultura del espacio que lo comprenda no ya como mero combustible de una locomotora económica sino como el medio a habitar igualitariamente por una sociedad consciente y culta.

Así, este encuentro se plantea como una semilla más de las que los colectivos venimos lanzando al aire, con la confianza de que en algún momento, aquí o allá, una u otra caerá en tierra fértil y hará por fin brotar el tallo de una comunidad justa socialmente y ambientalmente armónica.

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